Entrar por primera vez en el mundo de la música acústica impone bastante respeto, sobre todo cuando te plantas delante de una pared repleta de mástiles brillantes, maderas barnizadas y clavijeros relucientes sin tener muy claro por dónde empezar a mirar. Si estás dando tus primeros pasos en las aulas del conservatorio o simplemente quieres arrancarte a tocar en casa con amigos, dar con el ejemplar adecuado es una auténtica aventura en nuestra ría. Encontrar buenos instrumentos de cuerda en Ferrol requiere afinar bien el ojo y entender que el clima que tenemos aquí al lado de la ría condiciona por completo el comportamiento de la madera, haciendo que la elección de una guitarra clásica, acústica o un violín de estudio sea un proceso donde conviene fijarse en detalles constructivos que a simple vista suelen pasar inadvertidos.
La madera es el corazón y los pulmones de cualquier instrumento acústico, y saber diferenciar qué tipo de tapa o fondo estás comprando te ahorrará muchísimas frustraciones sonoras. En las guitarras clásicas y acústicas de iniciación, las tapas de abeto macizo ofrecen un sonido brillante, directo y con una proyección muy clara que va ganando riqueza armónica con el paso de los años a medida que el instrumento vibra y madura. Por otro lado, el cedro macizo proporciona un tono mucho más cálido, redondo y dulce desde el primer minuto en que apoyas los dedos, siendo una opción fantástica para quienes buscan interpretar repertorio clásico o piezas melódicas pausadas. Si nos fijamos en los violines, la combinación tradicional de tapa de abeto con aros y fondo de arce rizado sigue siendo la reina indiscutible, ya que la densidad del arce refleja la energía del arco y el abeto proyecta las frecuencias medias y agudas con una nitidez cristalina que ayuda al profesor del conservatorio a corregir la afinación de cada nota.
Un factor que suele arruinar las ganas de practicar a los principiantes es la acción de las cuerdas, que no es otra cosa que la distancia que existe entre la cuerda y la madera del diapasón. Cuando un instrumento viene de fábrica con una acción excesivamente alta, pulsar las cuerdas se convierte en una auténtica tortura que deja los dedos destrozados y obliga a hacer una fuerza desmedida que entorpece la velocidad y la agilidad de la mano izquierda. Un buen luthier o técnico ajustará la cejuela de hueso y limará con mimo la selleta del puente para que las cuerdas queden lo más pegadas posible a los trastes sin llegar a trastear, permitiendo que una guitarra española se sienta tan suave como la mantequilla y que un violín responda a la mínima presión del dedo con una afinación limpia y sin esfuerzo físico innecesario.
Vivir en Ferrolterra y sus alrededores significa convivir con una humedad relativa que en invierno supera tranquilamente el ochenta por ciento en muchos hogares, y la madera natural reacciona absorbiendo ese vapor de agua del ambiente como si fuese una esponja. Cuando la madera se hincha por la humedad marina, la tapa armónica se abomba ligeramente, la acción de las cuerdas sube de golpe y el mástil puede llegar a desajustarse, provocando que el instrumento desafine constantemente o que el sonido se vuelva apagado y sin brillo. Para evitar disgustos mayores, resulta fundamental guardar siempre el instrumento dentro de una funda acolchada de buena calidad o un estuche rígido térmico, introduciendo en su interior bolsitas de gel de sílice que regulen los excesos de humedad ambiental y alejándolo por completo de radiadores, corrientes de aire y ventanas que reciban sol directo.
Equiparse con los accesorios adecuados marca una diferencia abismal en el día a día del estudiante que pasa horas montando escalas y arpegios en su habitación. Un metrónomo, ya sea en su versión clásica mecánica de péndulo o en formato digital con ritmos programables, es el mejor compañero de fatigas para educar el tempo interno y aprender a no acelerarse en los pasajes más complicados de las obras. Acompañar el estudio con un afinador de pinza que capte la vibración exacta de la madera, un soporte de suelo estable para no dejar jamás el instrumento apoyado contra la pared y un paño de microfibra suave para retirar el sudor de las cuerdas y la resina del arco después de cada sesión de ensayo prolongará la vida útil de tus cuerdas y mantendrá la madera reluciente como el primer día.